La naturaleza crea belleza combinando diferentes elementos en momentos del día
martes, 29 de octubre de 2024
martes, 8 de octubre de 2024
NOCHE EN PORTUGALETE
Cuando el sueño nos invade, las calles se tiñen de luces y sombras que conforman un poema visual
perfecto. Los ruidos nocturnos son una sinfonía que acompaña a este increíble paisaje nocturno.
Calles empedradas, edificios de otro siglo y desde lo alto la Basílica.
miércoles, 25 de septiembre de 2024
CAMIANDO EN LA NOCHE
Me gusta caminar entre las luces y las sombras. Me gusta la música de la noche. Perderme en las calles y desgranar mis alborotados pensamientos.
Tras la vorágine del día, prisas, aglomeraciones, caravanas y comidas rapidas, llega la noche como ungüento para nuestra psique.
viernes, 20 de septiembre de 2024
domingo, 15 de septiembre de 2024
lunes, 9 de septiembre de 2024
UN DIA CUALQUIERA
Me despierto. Son las ocho de la mañana. Las primeras luces del amanecer acarician tímidamente la ventana que esta frente a mi cama. Como si de un cuadro animado se tratara, casas y monte bailan con los rayos del nuevo día, a un ritmo alegre, que pasa del color sangre al blanco.
Mis pensamientos se pierden, como caballos desbocados en el bosque, rompiendo todo aquello que pisan sus patas en desbandada. En una palabra, dolor. Dolor que atenaza mis entrañas, apuñaladas por el miedo a vivir un nuevo día repleto de problemas difíciles de resolver. Como si de un campo magnético se tratara, el techo ejerce una fuerza que empotra mi cuerpo contra el colchón. Cierro los ojos y la presión desaparece, y sin abrirlos me incorporo y me pongo en pie. Extiendo mis brazos y me desperezo. Abro el grifo y mis manos se llevan a mi cara el agua fría de la mañana de enero. Cerré la tapa del WC y me metí en la ducha. Abrí el agua fría y todo mi cuerpo despertó para recibir un nuevo día.
Lo único caliente que entro en mi cuerpo fue el café con leche y sin azúcar que prepare en la cocina. Mi cerebro recibió la cafeína suficiente para activar los registros y cual CPU todo empezó a conectarse. Me despoje de la camiseta que utilizo para dormir y comencé a vestirme.
Cerré la puerta del domicilio y en el descansillo coincidí con mi vecina, una mujer madura, elegante y atractiva. Estaba recién separada y su mirada desprendía dolor y soledad. Sus cabellos negros y sus ojos azules eran el contraste perfecto para atraer la mirada de cualquier hombre o mujer. Vestía una falda corta con un abrigo que dejaba entrever sus largas piernas forradas con unas medias negras Una bufanda de colores suaves rodeaba su cuello y sus cabellos negros la cubrían. Nos encaminamos juntos hacia el metro charlando de temas triviales, aunque nuestras miradas estaban llenas de complicidad. Nuestro gusto musical hacia el jazz me hizo lanzarme a invitarla a un pub donde se podía escuchar música en directo, y acompañar con un buen whisky. Con una sonrisa se acercó a mi oído y me dijo “me pides una cita”, y le conteste que “si”, “a las ocho, toca el timbre, estaré preparada” me susurro al oído al tiempo que sus labios dejaban su huella roja sobre mi mejilla. Bajó las escaleras y se fue alejando perdiéndose entre las personas que esperaban el metro,
miércoles, 25 de mayo de 2022
OCASO
Cuando llego a casa de noche, después de un largo día de trabajo, vida social y compras, me dejo caer en el silencio de las paredes de mi casa. Son momentos para dejar que todos los acontecimientos de ese día, se paseen por mi cabeza y compitan en importancia.
Si he notado que con la edad voy dando importancia a las pequeñas cosas, todo aquello que me es cercano. El mundo, fuera de esas prioridades, sigue siendo el mismo. Guerras que cambian la economía y se libran a miles de kilómetros, y nos afectan como si estuvieran en nuestra puerta. Somos los paganos de las consecuencias económicas, pero otros se enriquecen gracias a esta desgracia. Siempre lo mismo, acaso la industria armamentista no esta haciendo el agosto; las energéticas se frotan las manos y nosotros cada vez mas pequeños, bailando la canción que el poder nos toca con instrumentos afinadísimos. Aquí no hay ideologías, solo Rublos, Euros y Dólares.
Cuando me quedo solo proceso todas las noticias que llegan en tromba diaria. Intento poner orden en el caos informativo interesado en crear opinión. No importa la información, solo importa que nos quedemos con el envoltorio superficial y efectivo para crear una masa crédula. Yo no voy a dar opinión, solo aconsejo ser críticos con las informaciones, y eso no se enseña en ningún aula.
Es tarde y me he puesto muy serio, al fin y al cabo mañana será otro día lleno de nuevas ilusiones que espero lleguen a la noche sin que la cruda realidad acabe con ellas.
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lunes, 23 de mayo de 2022
ME GUSTA LA NOCHE
La noche invita a pasear bajo la luz y las sombras. Paso a paso, pensamiento a pensamiento, nos abraza un paisaje familiar, el muelle de Portugalete.
Es aquí donde la Ría del Nervión se funde con el Cantábrico y surge la fusión del agua salada con la dulce. Un enclave que preside el Puente Colgante de Portugalete, que como dice la canción "Eres el puente mas elegante". De día este entorno es transitado por un gran numero de paseantes, deportistas, ciclistas, trabajadores y estudiantes que transitan de una margen a otra, bien sea en bote o en la barquilla del Puente. La noche retira las almas a su descanso y el silencio, luces y sombras lo cambian todo.
Uno se deja llevar por los pensamientos, que vienen y van, sin sentido. Lo importante es dejar que el caos fluya y deje paso al sosiego. Es muy saludable dejar que la gran orquesta de la noche nos lleve al sosiego.
Pero, al fin y al cabo, tan solo es un paseo.
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domingo, 22 de mayo de 2022
Vangelis - La petite fille de la mer. Adios al gran compositor
Eso es lo que tiene el tiempo, que poco a poco ves como se van marchando
personas cercanas, no tan cercanas y personajes famosos.
Y algún día nos iremos de la misma manera, en silencio.
lunes, 8 de abril de 2019
lunes, 18 de marzo de 2019
lunes, 11 de marzo de 2019
PASEO NOCTURNO
Camino entre la oscuridad y la luz. Las sombras confunden mis sentidos con siluetas que se dibujan en mi camino y se desvanecen en cuanto me acerco. Un mundo mágico que se despliega en mi paseo nocturno concediendo a mi imaginación un papel protagonista.
martes, 5 de marzo de 2019
lunes, 27 de agosto de 2018
miércoles, 1 de agosto de 2018
lunes, 28 de mayo de 2018
Colegio (continuacion)
La pizarra ocupaba el lugar más importante en aquel
templo del saber infantil. Negra con una repisa para dejar el borrador y las
tizas blancas, era visible desde cualquier punto del aula. Aquel mural negro
iba a ser el primer escaparate de letras, dibujos y números para ir
comprendiendo los primeros peldaños de la cultura docente.
El
momento más esperado del día era el recreo. Bueno, si no te habían castigado
por causas ajenas a tu voluntad, ya se sabe, los deberes, la lección mal
aprendida, alguna trastada en el aula… cosas sin importancia que reventaban el
momento clave del día, el ansiado recreo. Jugábamos en la acera de la calle, a
canicas, a coger, a la trompa o cambiábamos cromos. Teníamos un amplio
muestrario de juegos que necesitaban pocos recursos, tan solo niños o niñas
disfrutando de la media hora de descanso. Se me olvidaba el bocadillo, pieza
importante en cualquier patio. El término era muy amplio, llamábamos bocadillo
a comerte un bollo, palmera, o pan con acompañamiento. Siempre teníamos aquel
compañero que se olvidaba su almuerzo en casa y solicitaba un poco a cada uno y
terminaba comiendo más que ninguno.
En
aquellos años sesenta las clases terminaban sobre la una de la tarde y todos
nos íbamos a casa a comer durante dos horas y media, para volver a la tarde y
continuar las clases, hasta las cinco y media. A diferencia de nuestro tiempo
presente, entonces comer en casa era lo normal, y podías disfrutar de un
momento de ruptura con el entorno escolar. Un poco de televisión, jugar con
Bull, mi perro, y comer con mi familia. La vuelta a las aulas por la tarde se hacía
un poco cuesta arriba, pero merecía la pena poder volver al hogar para comer. A
diferencia de mí, mis hijas comen en la ikastola, los horarios no las permiten
venir a casa a la hora de la comida.
Mis
primeros años transcurrieron en aquel pequeño colegio hasta los diez años. Mi
siguiente destino fue el colegio San Francisco Javier, pero esa es otra
historia.
jueves, 3 de mayo de 2018
El primer día de colegio
Corría
el mes de septiembre del año 1963, cuando me pusieron camisa blanca, una
corbata de cuadros escoceses donde predominaba el rojo y azul sobre fondo
verde, jersey también verde y pantalones cortos grises. Con este atuendo
comenzaba mi primer día, de un largo periodo de tiempo dedicado al estudio. Mis
primeros pasos en la educación comenzaron en el Colegio San Jorge de Santurce.
Estaba a cinco minutos andando de mi casa, en la calle Esteban Bilbao. Dije adiós a Laura (a quien dedicare un
espacio propio), y nos fuimos mi madre y yo calle arriba a mi nuevo destino.
Según
íbamos acercándonos una algarabía de niños, padre y madres cubría la acera de
entrada al colegio.Algunos, pequeños, luchaban con uñas y dientes por no entrar
al interior y dejaban sus lloros y suplicas en el corazón maltratado de sus
padres que luchaban contra el chantaje emocional al que le estaban sometiendo
los pequeños dictadores. Mi ama me miro para comprobar si yo reaccionaba igual
que aquellos niños, pero su rostro se tranquilizó al ver mi indiferencia. Subimos unas escaleras y nos recibió la
directora Nortxa, amiga desde la infancia de ama. Las presentaciones dieron
paso a la entrada en el aula. Mesas y sillas a escala de nuestra estatura
cubrían el espacio. Las paredes estaban pintadas con motivos infantiles, y
destacaba un gran Bambi que parecía querer salir del muro y venir a nuestro
encuentro.
Niños
y niñas se disputaban un asiento en aquella aula que iba a ser mi morada en los
próximos 2 años. Mi ama me dejo allí, con la promesa de volver cuando diera la
hora de salir. Me quede con una tristeza que duro el tiempo justo de empezar a
jugar con aquellos nuevos amigos que prometían un montón de trastadas.
Nunca
olvidare el olor que tenía aquel habitáculo, a lapicero y goma mezclado con
colonia de niños. Hay que tener en cuenta un dato importante; el número de
infantes que ocupaban aulas en aquellos años sesenta era muy alto. El Babi Boom
como se llamó a aquel crecimiento natal, estaba en pleno auge. Recuerdo tener unos treinta y tantos
compañeros, compartiendo pupitres.
Para proteger
nuestras vestimentas de cualquier mancha nos ponían unas batas de cuadros
pequeños verdes sobre blanco. Unos bolsillos a cada lado nos proporcionaban un
lugar donde guardar los cromos, las canicas y todos aquellos utensilios de
juego.
(continua, próxima entrega)
martes, 1 de mayo de 2018
Recuerdos
La noche tejía sombras sobre Santurce y las luces de
las farolas luchaban por desterrar cada rincón oscuro de las calles mojadas por la lluvia. Una vez que conseguí
un aparcamiento para mi coche, cosa difícil un viernes a las nueve de la noche,
opté por caminar plácidamente hasta el parque de la Sardinera. Mis pasos me
fueron llevando por antiguos parajes de mi infancia y juventud. El antiguo portal
en el número 34 de la en otro tiempo conocida calle del “dólar”, y hoy
rebautizada con un nombre que no consigo recordar. Seguía siendo amplio y
espacioso, y capaz de albergar una competición de futbol entre varios infantes,
intentando emular al gran Iribar. Nuestro edificio era como un gran parque de
juegos. Teníamos un ascensor de madera en el que subíamos con las puertas
abiertas y nuestros dedos empujaban los contactos para que aquella caja nos transportara
a cualquier destino.
Félix, Víctor, su hermano Emilio, Chichi, los hermanos
Jesús y Andrés y yo, Iñaki, nos adentrábamos en el corazón de la aventura cada
día. Los juegos en el portal consistían básicamente en empotrar un balón contra
el primero que se pusiera a tiro. Todo terminaba cuando aparecía la portera,
María, y salíamos corriendo como cohetes al cielo. Atrás dejábamos los
juramentos que salían por su boca cual poetisa de la blasfemia. Subíamos con
gran agilidad las escaleras hasta llegar a la casa de Víctor y Emilio en el
sexto piso. El número 34 de Capitán Mendizábal iba a ser un hotel y tenía dos escaleras,
otra característica que hacía de nuestra casa un lugar único. El piso de mis
amigos era nuestra guarida y zona de escape, cuando la portera nos perseguía
por nuestras fechorías de balón pie. La casa de mis amigos reunía dos
características imprescindibles para ser una zona segura, sus padres estaban trabajando,
allí no había nadie para poder parar nuestra huida. La segunda característica
era tan importante o más que la primera, el piso daba a la escalera derecha y a
la escalera izquierda. Se podía subir por una, y bajar por la otra y dejar
gritando en el último piso a nuestra temida portera. Tras nuestra huida
continuábamos nuestros juegos en las lonjas abiertas frente al Country Club,
primera sala de fiestas que se abrió en Santurce, o nos íbamos a una de las
tres campas que teníamos en la calle.
El Country ocupaba los bajos de nuestra casa y un
patio exterior que miraba al mar. La primera sala de fiestas de un pueblo
pesquero que iba creciendo mirando al mar. Como dijo mi madre, Elena cuando se
abrió este lugar de música y jolgorio “si Don Boni levantara la cabeza”. Y era cierto, hasta que no murió este párroco de muy tradicionales costumbres, el
pueblo no vio un lugar donde divertirse.
Recuerdo la casa de Don Boni cuando iba con mi madre. Lo que nunca se me olvidara, es aquella mesa de comedor larga y alta repleta en su superficie de montones de monedas de una y cinco pesetas. Don Boni me decía "coge una moneda”, a lo que mi madre respondía con un contundente “no cojas nada”, y él insistía y yo esperaba con estoica resignación el resultado final de aquel duelo, por supuesto queriendo recoger el trofeo de la mesa para invertir en el quiosco de los dulces.
Recuerdo la casa de Don Boni cuando iba con mi madre. Lo que nunca se me olvidara, es aquella mesa de comedor larga y alta repleta en su superficie de montones de monedas de una y cinco pesetas. Don Boni me decía "coge una moneda”, a lo que mi madre respondía con un contundente “no cojas nada”, y él insistía y yo esperaba con estoica resignación el resultado final de aquel duelo, por supuesto queriendo recoger el trofeo de la mesa para invertir en el quiosco de los dulces.
Al de unos meses de su muerte, unas niñas aseguraron
que el espíritu de Don Boni se les había aparecido en la entrada del portal. No
paso de ser una anécdota que se perdió en el tiempo y que muy pocos recuerdan.
Pero la verdad, es que estuve durante unos meses con miedo a una aparición, del
fallecido párroco cuando entraba en el portal de casa.
Paseando por el pasado en Santurce
Bull en el parque de la Sardinera; crecimos juntos en este lugar
Llevo tiempo sin publicar nada, ni fotos, ni relatos.... nada. Hoy me ha surgido la necesidad de escribir, de plasmar en tímidos párrafos lo que fue mi infancia en Santurce. Hace unos meses me deje caer paseando por el paseo de la sardinera con la noche como acompañante. Este paseo es para mí, la infancia. En aquel paseo no podía faltar la música, The Beatles, me acompañaron desde niño. Con todo esta maquinaria del tiempo me traslade y fui dando las primeras pinceladas de los recuerdos que aquí voy a ir dejando.
domingo, 3 de julio de 2016
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